Aunque hemos tenido una temporada sin actividad, por cuestiones técnicas y administrativas, estamos de nuevo en marcha.
Esperamos vuestros textos en las condiciones que se indican.
Gracias a todos los miembros de Netwriters

martes, 24 de mayo de 2011

-EL TIEMPO, EL IMPLACABLE- por JOSEP D'ORS

Nuestro trabajo en “Control temporal” no siempre es visible ni especialmente agradable.
Muchas veces, ni siquiera es fácilmente comprensible.
El de ésta vez era fácilmente aprehensible, pero portentosamente desagradable. Nuestros poderosos ordenadores cuánticos de última generación, habían decidido que para que el mundo fuera un lugar un poco mejor, debíamos proceder a la eliminación de una de las figuras claves de la protohistoria moderna.
A tal fin, había recibido un intensivo entrenamiento en los usos y costumbres de finales del s. XIX, incluyendo el aprendizaje de la versión del idioma alemán que se hablaba en Branau am Inn, en la antigua Austria.
Por fin, y una vez debidamente aleccionado en mi misión, ya me hallaba cerca de la pequeña población. Debía localizar la vivienda de sus padres e interrumpir el embarazo en su segundo mes. Nada especialmente sanguinario ni espectacular, pero a mi mentalidad del s. LII le repugnaba terriblemente cualquier interrupción de una vida.
Deambulé por las polvorientas calles intentando orientarme, pero era inútil. La señalización resultaba cuanto menos caótica, y cuando finalmente encontré la calle, no tenía muy claro cual de las casas era el habitáculo que buscaba.
Decidí llamar a una puerta y preguntar. Me abrió una amable señora.
-Buenos días señora- dije descubriéndome sonriente- Estoy buscando a los Von Horn, ¿sería usted tan amable de indicarme cual es su vivienda?
-Por supuesto caballero- respondió sonriente- Los Von Horn viven justo enfrente nuestro. No tiene pérdida
-Muy amable señora…- dije a modo de despedida girándome.
Con un saludo, me encaminé a terminar con la vida del futuro dictador, del infame creador de los campos de exterminio y del partido de las cruces gemelas. Se me hacía muy duro, pero sabía que mis actos sólo podían traernos un futuro mejor. Y mientras, escuchaba la amable respuesta de la señora
-Klara, Klara Polzl de Hitler.

4 comentarios:

  1. Mira que digo yo siempre que no hay que fiarse de los ordenadores. Serán cuánticos y de última generación pero lo que no se haga por uno mismo...

    Curioso e interesante relato, Joseph, me ha gustado mucho.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. El destino no se puede cambiar.
    ¿el del hombre?
    El de la humanidad.

    ResponderEliminar
  3. Muy bueno. ¡Qué tiempos estos!

    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Un texto inteligente es una de las cosas que más me gusta. Si además está bien escrito, imagina. Por cierto, es un honor tener entre los primeros colaboradores de Escritores en NW a un sobrino-nieto de Eugenio D´Ors. Se notan los genes. Magnífico relato. Literariamente de altura.

    ResponderEliminar

El autor de este texto agradece sus palabras.

Sigue las actualizaciones desde tu correo