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viernes, 24 de junio de 2011

— LA AGONÍA DE ANNE — POR ANGELES MARTINEZ RICA

Mi querida esposa Emma:

Nuestra pequeña Anne se debate entre la vida y la muerte. No remiten las fiebres y esta cruel agonía se convierte para mí en un infierno gélido de llamas de invierno lacerantes. Ni siquiera consigo imaginaros a ti, amada mía, y a la criatura que guareces en tu vientre con delicado capullo de ternura y desvelo maternales, ganándole denodadamente el pulso a la vida, porque la parca inminente se asoma, haciéndome burla por todas las ventanas de esta casa de reposo. Sus espantosas muecas me alejan de Dios irremisiblemente. Se mofa de nuestra desgracia. Si Dios existe, como aseveras, ¿por qué habría de enviarnos a un macabro fantasma como ése, amenazando con romper los acristalados ventanales de nuestras plácidas vidas con su guadaña? Me advertirás que los vidrios rotos se reparan y que el tiempo cicatriza todas las heridas del alma. Pero lo cierto es que aún no cerré la que nos dejó Mary con su precoz partida. ¿Cómo, paso tan breve el suyo, dejó huellas tan indelebles, tan dilatado dolor, poso tan amargo en el cáliz de nuestra memoria? Se me hace intolerable sumar a aquel recuerdo, este otro inminente que nos apremia. Siento latir la agonía de nuestra pequeña Anne en mis sienes y me abrasa la lava y la violencia de la hoguera de mil volcanes escupiendo fuego de dolor y castigo por los pecados que nunca cometimos. Tal vez ese ser, al que invocas en tus plegarias fervientes envíe este castigo insufrible por mis osadas investigaciones y teorías, que desafían verdades teologales, que muy pocos se han atrevido a cuestionar.


Pretendo, mísero de mí, arrojar un poco de luz sobre las tinieblas, con las que Ése, Tu Dios, ha decorado el escenario del mundo. Pero si ese Ser Supremo es Todo Bondad, como aseguras, mi amada Emma, ¿podrás explicarme cómo pueden congeniar en alma tan sublime y pura, Bondad y Sed de Venganza, sin que su voluntad divina se torne en despiadada crueldad y maldad?...Dudo mucho que ese Dios no sea en realidad el propio Satanás, maquinando y disfrutando a nuestra costa con los abominables males que azotan a la humanidad. Sé que muchos consideran diabólicas mis teorías, cuando intento demostrar que las especies se transforman en otras mediante la selección natural sin intervención divina. Tal vez esté, sin pretenderlo, indicándole al mundo que Dios existe, señalando con mi dedo índice la senda que puede conducirnos a Él, pero esa vereda nunca podrá encontrase con el camino angosto de mis pesquisas. Cuando menos yo me siento cada vez más alejado de sus infranqueables e inextricables moradas.
Te ruego, mi adorada y misericordiosa mujer, que en tus rezos le supliques, que ya que nos ha abandonado a nuestra suerte a Anne y a mí, esté siempre contigo a tu lado y con nuestros amorosos hijos y adorables hijas, velando por todos vosotros, pero que lo haga bien, como un padre atento y diligente. No tan calamitosamente como lo estoy haciendo yo en estos momentos.

Tu amantísimo,

Charles.


Mis relatos, cual mensaje en la botella lanzada al mar, a la deriva, a alguien llegarán en el momento propicio. Espero, amigo, amiga, que te ayuden a descifrar tu propio enigma...

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