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sábado, 25 de junio de 2011

— LA PETICIÓN — POR JOSÉ ANTONIO LÓPEZ RASTOLL



Cuando aquella adolescente sentada en una portería le pidió un cigarrillo con la desgana propia de una edad en la que debería comerse el mundo, el tipo canoso no se lo pensó dos veces.
Le dijo que no fumaba, pero que esperara un momento. Fue corriendo al estanco que había justo enfrente y compró un paquete de cigarrillos. Luego volvió, sudoroso y jadeante, al portal donde ayer se besaban unos novios y le ofreció uno.
Ella le dijo que no, gracias, que ya había fumado.
Él le dijo que no tenía nada que temer, que lo hacía porque también había sido adolescente y sabía lo que era aquello: lo de querer y no poder.
Ella le dijo, dura y cortante, que no pensaba hacerle una mamadita, pero que le aceptaba el cigarrillo.
Él le dijo que no quería mamaditas ni nada por el estilo, pero que no le vendría mal un poco de gratitud: que le saludara al verle pasar, que intercambiaran una sonrisa de vez en cuando; que, al coger confianza, se interesara por su salud últimamente algo deteriorada, por su familia aunque ya no la tuviera...
Él, a cambio, le compraría cigarrillos.
Ella le dijo, algo sorprendida por lo que le estaba pidiendo, que el cariño no se compra con cigarrillos, pero que intentaría acordarse de él cuando lo viera de nuevo.
Él le dijo que con eso le bastaba y se fue.
Ella corrió tras él para devolverle el paquete de cigarrillos. El tipo canoso, que una vez fue un crápula, no se volvió para que no le viera llorar y le dijo que se lo quedara.
Ella regresó lentamente al portal de siempre, se sentó, sacó otro cigarrillo y se lo fumó pensando en aquel tipo canoso que podría ser su padre, ausente desde hacía años, pero no lo era. Estaba segura de ello.
A pesar de recordarle borrosamente, estaba segura de una cosa: su padre jamás le habría dejado que fumara.
BLOG SOBRE LITERATURA Y DESTINADO A LA PROMOCIÓN DEL LIBRO DE RELATOS EL MIRADOR (ATLANTIS, 2009). TAMBIÉN OFRECE PINCELADAS DE LA VIDA CULTURAL ALICANTINA: CINE, TEATRO, EXPOSICIONES, CONCIERTOS...



4 comentarios:

  1. Jose Antonio...me alegra mucho inaugurar tu casillero pues bien sabes lo que te considero como escritor. Aquí das una muestra, una vez más, de tu capacidad como autor de relato breve, con un retrato y una reflexión encadenada que nos lleva a mirar a un personaje cotidiano que trata de encontrar, en las pequeñas cosas, las cosas grandes perdidas. Ella, esa adolescente, fuma y pide, pero también espera una señal. Con miedo, desconfianza y amargura...pero también con un toque de esperanza y el deseo de que su pasado hubiera sido otro. Me ha encantado.

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  2. Todos tenemos algo de esa adolescente algo insolente que espera y de ese padre que intenta recuperar el cariño perdido. Gracias por tus palabras, Emilio. Seguiremos escribiendo y leyendo para mejorar.

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  3. Jose, si se pudiera conjurar el pasado, moldearlo de nuevo para darle una esperanza al presente... Como este padre que llora por lo que pudo ser y no es, como esta hija apenada ante el absurdo de ciertas preguntas. Pero los errores se pueden rectificar, es lo que me gustaría para los personajes de tu emotivo relato.

    Has conseguido que me ponga en la piel de ellos...Uff, que duro, cómo duele.

    Besos y un abrazo de náufragos supervivientes ;-)

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  4. Hay muchas formas de olvido; uno de los peores es el de un padre hacia sus hijos. Se me hace un nudo en la garganta sólo de pensarlo.
    Afortunadamente, no he tenido que pasar por ese infierno, pero ser hijo único supongo que me predispone a contar este tipo de historias.

    Un abrazo.

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El autor de este texto agradece sus palabras.

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