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miércoles, 15 de junio de 2011

— MALDITOS CUENTOS DE HADAS — POR SUSANA GARCÍA


Al principio eran Cenicienta y sus zapatos, la Bella durmiente y su beso mágico, brujas malvadas, príncipes valientes y demás fauna.
Después nos pasamos a las novelas rosa repletas de nobles, piratas, vikingos y escoceses, muchos escoceses.

(¿Es que tienen algo de especial?)

Pues se ve que Escocia se presta para estas historias, al menos yo me leí unas cuantas.
Y mira que crecí con mujeres guerreras que empezaron a cambiar los estereotipos, pero no sirvió de nada, caí en las redes del romanticismo durante años.

(Y aún te dura...)

No de ese tipo, creo yo. Sólo me mantengo fiel a una escritora: Jude Deveaux, que además de ser una de mis favoritas por entonces, ha evolucionado con los años.

En fin, puede que de joven hubiese acudido al baile de Cenicienta fuese como fuese, pero hoy en día, no me pondría un zapato de cristal, (ni de tacón) por mucho príncipe que esperase en la fiesta.
Ni siquiera soñaría con un corsario por muy atractivo y seductor que pudiese parecer.

(¿Un duque, entonces?)

Quita, quita. Demasiadas pretensiones.
Y demasiado tiempo escuchando cuentos irreales. Por muy valientes que se muestren las protagonistas no tienen mucho poder de acción. O son oprimidas por la sociedad en la que viven o por la pasión que les nubla el juicio.

(Menos mal que ellos siempre se enamoran, ¿no?)

Claro, así nos va. En cuanto la sangre se nos acelera creemos que será igual en la vida real. Y nos decepcionamos una y otra vez por esperar algo que sólo sucedió en nuestra mente.

(¿Tienen la culpa los cuentos y las novelas?)

No lo sé, quizás necesitamos otro poquito de evolución antes de ser lo que queremos ser. Quizás estemos construyendo ese camino cada vez que nos apartamos del cuento, por mucho que nos cueste.

Ojalá podamos derribar esos malditos pedestales, esas expectativas de lo que se supone que debemos ser, y aprendamos a conocernos como somos realmente.

Cosas de ángeles



A veces, hasta la persona más cuerda puede oir voces. Puede ser la voz de tu conciencia o la de tus deseos, pero cuando es un angelito entrometido el que te habla, la cosa se pone interesante...

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