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martes, 22 de noviembre de 2011

— ASEPSIA MENTAL — POR ANA OBIS (ASPID)

Qué te jodan, pensó en voz alta mientras repasaba el correo diario.

Cada día me gusta menos la gente, decía mientras se levantaba y se desperezaba tranquilamente.

La alarma del móvil sonó indicándole que era la hora de irse.

La calle se presentaba como cada día, antipática y literariamente séptica, las letras se esparcían sin orden ni concierto descomponiendo palabras que anteriormente habían tenido algún tipo de significado. Signos ortográficos resbalaban por las macetas de los balcones e intentaban enraizarse en el negro asfalto. Un interrogante se plantó frente a ella y apenas se atrevió a formular su pregunta. Con las manos espantó una norma que arrastraba el aire y que a punto estuvo de saltarle un ojo.

Por fin llego a su destino.

Escupió de modo automático la lista de la compra que llevaba en mente: Dos de cuarto, tres de leche y magdalenas. Muchas gracias.

Salió de nuevo a la calle. Llovían exclamaciones y se amontonaban en las aceras. Una oración subordinada acompañada de un calificativo feo y grosero, intentaron atracarla en una esquina, tu puta madre, les gritó en silencio mientras se alejaba a toda prisa.

Subió las escaleras de su casa, abrió la bolsa de la compra y comprobó que no llevaba ni el pan, ni la leche y ni mucho menos y ni por asomo, las magdalenas. En su lugar había un cuaderno de rayas, una botella de agua mineral con el precinto roto y seiscientas pilas de botón que no se adaptaban a ninguno de los aparatos que tenía en posesión en ese momento.

Encendió el ordenador, vio de nuevo el correo, se reafirmó en su primera impresión, dudó un instante sobre si contestarle o no, desafiando la concordancia de principios y sapiencias que albergaba dentro de su experiencia sobre la comunicación lingüística y emocional.

Qué te jodan, volvió a decir en voz alta mientras acercaba las pilas ya metidas en un bol y aliñadas con sal, y distrajo su austero futuro con un programa televisivo, tan séptico literariamente hablando, como la calle que acababa de abandonar y que rezumaba idolatría hacia lo absurdo.


http://elespejo-aspid.blogspot.com/

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